¿Qué es  Sumi-e?

 

La pintura sumi-e es uno de los caminos del zen, como lo son la ceremonia del té, el ikebana o la caligrafía, de la que la pintura sumi-e es una variación.

El término japonés “sumi” significa tinta negra y “e” significa pintura. Es por tanto una de las formas de arte en que se pinta con tinta negra en todas las gradaciones posibles que van desde el negro puro a un gris extremadamente claro que se logra disolviendo la tinta en el agua.

Sin embargo, esto no significa que todo lo pintado de esta manera merezca ser llamado “sumi-e”. El sumi-e real tiene unas características especiales que tocan directamente la sensibilidad del espectador.

En Sumi-e, a través de una combinación del espacio vacío del papel y simples trazos monocromáticos se crean mensajes visuales de una belleza que puede resultar paradójica para un occidental: milenaria, pero a la vez actual y espontanea; sencilla pero profunda; audaz, pero sutil. Sin duda como resultado de la atemporalidad y belleza que a este tipo de pintura le da la estética Zen.

Profundizando en la pintura sumi-e vemos que está firmemente arraigada en el mundo natural. Pero no es el objetivo de Sumi-e recrear un objeto de la naturaleza para que quede perfecto, sino expresar su esencia, esa belleza que lo hace único. Esto se logra con la cantidad mínima de trazos o líneas. Los detalles inútiles son omitidos y cada pincelada contiene un significado y propósito. No hay lugar para los retoques. La tinta es indeleble y sólo se tiene una oportunidad en cada gesto.

Por lo tanto, se dice que las propias pinceladas sirven como metáfora de la vida misma. Es decir, no hay otro momento excepto este momento. No se puede volver atrás, solo existe el ahora. En cada gesto, el artista honra y reconoce el momento presente y disfruta de él, tal como es.

Como la pintura sumi-e no permite corrección ni dibujos previos, las pinceladas aumentan la concentración y la coordinación motora. Estimula tanto el hemisferio izquierdo como el derecho, la lucidez y la creatividad.

Esto nos trae enormes beneficios: cuando estamos involucrados en actividades creativas sentimos que estamos viviendo más plenamente el presente, incluso el sentido del tiempo llega a desaparecer, uno se olvida de sí y siente que forma parte de algo que trasciende su pequeño yo,  mente y corazón trabajan al unísono.

Principios del Sumi-e

La pintura zen se basa en unos principios que vamos a recordar ahora:

1. Ma (間: El vacío, intervalo de espacio o de tiempo. El vacío es un elemento esencial en el arte zen, incluyendo los jardines zen y el ikebana, el teatro noh, o la pintura sumi-e. Me atrevería a decir que el vacío es el protagonista de la pintura. El vacío es el papel en blanco, a través de él, las pinceladas se hacen visibles, abarcando el aire y llegando a hacerse reales. Es ese espacio vital a través del cual no sólo se manifesta la capacidad creativa del artista, sino que además también permite que el espectador entre en la obra. “En el arte, la importancia del vacío se demuestra en el valor de la sugerencia. Al dejar algo sin decir, se da al observador la posibilidad de completar la idea y, así, una gran obra maestra cautiva nuestra atención hasta que nos parece que realmente somos parte de ella. Hay un vacío en el que podemos penetrar y que podemos llenar en la plena medida de nuestra emoción estética.” Dice Okakura Kakuzô.

2. Fukinsei (不均整): Asimetría o irregularidad. La estética zen considera que la perfección es presuntuosa y rígida; sin embargo la asimetría es libre, respira y sugiere movimiento en lo referente a la distribución del espacio. La asimetría al igual que el vacío permite que las energías fluyan libremente, sin trabas, a través suyo. Por esta razón, el enso (“círculo zen“) en la pintura es dibujado frecuentemente como un círculo incompleto.

3. Kanzo (簡素): Simplicidad o eliminación de lo no esencial. Como hemos dicho sumi-e es un arte que encarna la esencia misma de la simplicidad y, sin embargo, es en la práctica complejo y lleva toda una vida dominar. Me llegan las palabras de Albert Einstein, “Si no lo puedes explicar con simplicidad es que no lo has entendido”. La simplicidad no es simpleza tal como la concebimos en occidente, es el resultado final de un proceso de depuración.

4. Shizen (自然): Naturalidad, ausencia de pretensiones o de artificio. Su propósito es fomentar la creatividad no el resultado artificioso.

5. Yūgen (幽玄): Sutileza, belleza escondida, profundidad misteriosa. En este punto, ya hemos comprendido que el arte no trata de apariencias. Las formas reflejan el estado de conciencia del artista, si no reflejan lo que hay en el fondo, no transmiten nada. Como ya sabemos el arte sumi-e, pretende representar el espíritu, más que la apariencia del objeto. Al crear una imagen Sumi-e intenta capturar el Chi o “espíritu de vida” del sujeto, pintando en el lenguaje del espíritu.

6. Datsuzoku (脱俗): Libertad del rigor o de fórmula. Si se practica libremente prescindiendo del resultado, se abre el canal para que la creatividad pueda expresarse. Significa también desapego. Los estados de ánimo están en la mente y son pasajeros. El arte zen te invita a ir más adentro. No se trata de indiferencia. Se trata de penetrar con una mirada lúcida, estar desapegado de la identificación con el ego. Libres de apegos que nos aten, sólo necesitamos el coraje para creer que somos libres y actuar de acuerdo con ello.

7. Seijaku (静寂): Serenidad, calma energizada, quietud, silencio. Estás en calma, sin embargo, muy alerta. En el momento en que tu atención consciente desciende, el ruido de la mente y sus miedos penetran, la quietud se pierde y aparece la inseguridad. Probablemente ya no te creerás lo que estás pintando.

8. Wabi-sabi (侘・寂?) : Imperfección, fugacidad, impermanencia. La estética zen se siente cómoda en la belleza imperfecta, y nos permite a nosotros también serlo, siendo singulares para seguir aprendiendo siempre con lo que a cada momento experimentamos.

9. Wa (和): Armonía, paz, balance. La composición expresa el orden de la naturaleza en que nada es estático, siempre hay una tensión entre el dar y el recibir, lo activo y lo pasivo, los clásicos elementos yin/yan que en la composición convergen y se alternan creando equilibrio, ritmo y armonía.  Cualidades con las que el artista trabaja, con paciencia, autodisciplina y concentración.

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Por último os dejamos un vídeo para que veáis cómo se desarrolla este arte.